No habrá vuelta a la normalidad, a la vieja normalidad. La nueva normalidad deberá ser construida sobre las ruinas de la vieja e injusta sociedad, que nos impusieron por más de 30 años un grupo de tecnócratas y neoliberales, que con sus políticas económicas de hambre, explotación y saqueo estuvieron a punto de rematar al país.

La realidad después de la pandemia, no será a imagen y semejanza de aquellos gobernadores que intentaron asumir un papel protagónico, desplegando su turismo político en plena contingencia sanitaria, mientras en silencio, algunos de ellos endeudan por varios miles de millones de pesos a sus estados, e imponen confinamientos obligatorios y autoritarios al pueblo que los eligió.

La construcción de la nueva normalidad, no será a imagen y semejanza del pasado, como cuando el gobierno federal en contubernio con gobiernos estatales inauguraron hospitales públicos en obra negra, y que después esos hospitales, fueron abandonados sin concluir su construcción. Tampoco será a partir de desviar y desangrar a nuestro sistema de salud pública con cientos de miles de millones de pesos.

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No será a imagen y semejanza de aquellos que hipotecaron el futuro del país pensando únicamente en beneficio de unos cuantos, aquellos que se hicieron millonarios a costa del erario dejando una deuda pública de 10 billones de pesos, mientras cargaban los costos a los mismos de siempre: al pueblo de México. Lamentablemente, las ganancias fueron privadas y las pérdidas siguen siendo públicas.

La nueva normalidad será construida fortaleciendo el Estado de Bienestar en nuestro país, brindando a todos los mexicanos el derecho a la vivienda, a la educación, al trabajo, a la salud, a la pensión universal, a la seguridad social. Independientemente de su ideología, su religión, su género. Somos seres humanos y tenemos derecho a una vida digna.

Esta construcción será a partir de fortalecer nuestro sistema de salud pública con mayor presupuesto, mayores recursos humanos, científicos y tecnológicos. La pandemia nos ha demostrado que es imperativo contar con un sistema de salud pública fuerte y robusto.

El problema no es el coronavirus, el problema fue en las condiciones de desastre y olvido en que dejaron los neoliberales nuestro sistema de salud pública. Porque muchos virus han atacado a la humanidad, y virus vendrán; pero lo importante es que, si vuelve otro virus con la misma letalidad que el actual, es mejor que nos encuentre con un sistema público de salud más fuerte y eficiente.

Sí el 1 de julio del 2018 no hubiéramos cerrado el paso a los neoliberales en las urnas, tal vez nuestro país estaría cruzando en estos momentos por una verdadera tragedia nacional. ¿A quién estaríamos responsabilizando de esa tragedia? ¿Al mercado capitalista? ¿Al neoliberalismo? ¿A las privatizaciones? ¿A los gobiernos entreguistas?

La unidad y la fuerza que mostramos los mexicanos aquel 1 de julio para optar por el actual gobierno, ha sido determinante para dar los resultados que hemos obtenido en los últimos días enfrentando la pandemia. Ya lo dijo el presidente de la republica hace unos días: “Podemos ver la luz al final del túnel”.

Hemos entendido que el cuidado de la salud es una tarea colectiva, fraterna y solidaria, donde la salud individual depende del cuidado de la salud de los demás, y que cuidando la salud de los demás, se cuida la salud personal.

Que la construcción de la nueva normalidad es una tarea de todos y nadie puede evadir su responsabilidad. Debemos comprender como sociedad que, si no asumimos el compromiso con la vuelta a la nueva normalidad, tendrá repercusiones en las generaciones venideras.

A quienes ejercemos la política parlamentaria nos corresponde ahora apretarnos el cinturón. Y seguir ejerciendo la Austeridad Republicana con la misma seriedad, pero con mayor firmeza. El Senado de la República ahorro en su primer año de gestión 965 millones de pesos[1], y ahora entregó 250 millones de pesos al Consejo de Salubridad General para que se destine en comprar medicamentos, instrumentos de salud, mascarillas y respiradores, para que se distribuyan a lo largo del país.

La austeridad no volverá a ser el sacrificio económico de las mayorías por el bienestar de unos cuantos privilegiados. La austeridad no volverá a ser el recorte al gasto social ni a los bienes públicos y mucho menos afectando a los más olvidados de la patria.

Es necesario establecer una nueva relación entre el ser humano y la naturaleza, es necesario parar el cambio de uso de suelo, y poner un freno al proceso de cambio climático.

Tenemos que seguir luchando y observando el cumplimiento y la aplicación de la Solemne Declaración Universal de los Derechos Humanos para todos los mexicanos que son: el derecho a la vivienda, el derecho al trabajo, el derecho a la salud, el derecho a la alimentación, el derecho a la educación, el derecho a la libertad. Es imperativo el cumplimento de estos derechos en la construcción de la nueva normalidad; nada por encima de estos derechos. Nada de confinamientos obligatorios ni represión de ningún tipo por no acatar medidas irrazonables.

Hasta estos momentos es necesario seguir cumpliendo con las recomendaciones de la Secretaria de Salud Federal, y seguir cumpliendo con la cuarentena de manera consciente y voluntaria.

Para lograr la recuperación económica, debemos tener toda la confianza en las propuestas que plantea el Presidente de la República en el texto: “La nueva propuesta económica en tiempos de coronavirus”, propuesta económica factible y técnicamente viable. Con acciones económicas repletas de Austeridad Republicana, sin hipotecar las finanzas nacionales en las próximas décadas.

Por ello, plasmamos en el artículo 4 de la Constitución Federal, la continuidad y el blindaje de las pensiones a todos los adultos mayores, pensiones a personas pobres con alguna discapacidad, becas a estudiantes de familias de escasos recursos, y garantía del derecho a la salud a todos los mexicanos.

Además, con la cancelación de 10 subsecretarias, la colaboración fiscal de la iniciativa privada, la creación de dos millones de empleos, el otorgamiento de tres millones de créditos personales y a pequeñas empresas familiares, con la continuación de todos los programas sociales de gobierno y sin el aumento o creación de impuestos; es con lo que garantizaremos la recuperación económica.

Para concluir, quiero brindar mi más humilde y más grande reconocimiento a las y los trabajadores del sistema público de salud: personal médico, enfermeras, asistentes y personal de limpieza por el extraordinario papel desempeñado en el transcurso de la actual pandemia. De verdad estuvieron a la altura de las circunstancias.